León XIV, primer papa en el Congreso español, pide desarmar el lenguaje y proteger la vida

Por primera vez en la historia, un pontífice romano tomó la palabra ante el Congreso de los Diputados de España. León XIV pronunció este lunes un discurso de treinta minutos ante la sesión conjunta de las Cortes Generales, en el que abordó la crispación política, la defensa de la vida, la migración, la libertad religiosa y la paz como desafíos urgentes del mundo contemporáneo.

La pluralidad no es descalificación

En ese sentido, el Papa instó a los legisladores a construir «una cultura de la reciprocidad» y advirtió que «la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario». Señaló que incluso el conflicto, en una convivencia madura, puede convertirse en camino hacia la paz.

Asimismo, invitó a los diputados a «desarmar el lenguaje», con el argumento de que «la firmeza no exige desprecio» y «la discrepancia no conlleva humillación». Sin confundir el plano jurídico con el moral, abogó por una justa delimitación del poder público y por lo que denominó «límites morales del poder».

Vida y dignidad: una cuestión de civilización

Por otra parte, el Pontífice defendió que «la dignidad humana no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento». Sostuvo que la defensa de la vida —desde su concepción hasta su ocaso natural— «no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización».

No obstante, su llamado a proteger la vida no se limitó al ámbito del no nacido. León XIV denunció también la exclusión de los migrantes y advirtió que «el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones». Precisó que la respuesta exigida va «más allá de la mera gestión de flujos» y requiere vías seguras, acogida respetuosa y posibilidades reales de integración.

Paz, fe y secreto confesional

En otro orden, el Papa remarcó que el mundo atraviesa «una profunda crisis espiritual y cultural» que se manifiesta en violencia, polarización y desconfianza, y situó la paz como «una aspiración política» de nuestro tiempo. Defendió la libertad de conciencia y de religión, y subrayó que la autonomía del orden temporal «jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso».

Finalmente, León XIV pidió protección jurídica para el sigilo sacramental de la confesión, comparable —según indicó— a la que ya existe en algunas profesiones, con el fin de preservar lo que describió como «un espacio sagrado de libertad interior». El Papa enmarcó su intervención como «un gesto de cercanía hacia España» y un acto de servicio a la persona humana.


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