El eco de los dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el Caribe venezolano el día de ayer 24 de junio, no solo dejó una estela de destrucción material y humana en Caracas y La Guaira. A más de mil kilómetros de distancia, en la República Dominicana, el sismo desató una dolorosa réplica de incertidumbre y angustia para varias familias que hoy aguardan, con el corazón en un hilo, noticias de sus seres queridos.
El Gobierno dominicano, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores (Mirex), encendió las alarmas al confirmar que al menos cinco ciudadanos de su país se han visto directamente afectados por la catástrofe telúrica. El balance inicial entreteje la esperanza con el miedo más absoluto: tres de ellos han logrado burlar el colapso de las comunicaciones, reportándose con vida y logrando establecer contacto con sus allegados.
Sin embargo, el destino de otros dos dominicanos permanece envuelto en el misterio y los escombros, engrosando la lista de desaparecidos que mantiene en vilo a toda la región.
Por lo que, la Cancillería dominicana emitió un comunicado oficial en el que aseguró mantener canales de comunicación permanentes con las autoridades venezolanas. El objetivo es claro pero titánico: localizar a los compatriotas cuyo paradero sigue siendo desconocido, mientras 0se ofrece acompañamiento psicológico y asistencia consular a unas familias dominicanas desgarradas por la espera.
La situación logística en el terreno añade una capa extra de complejidad al drama. Debido a la ruptura de relaciones diplomáticas previas, el país caribeño no cuenta con una delegación operativa directa en suelo venezolano.
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